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Cuadros

Patricio Lanusse

02/02/19 al

23/02/19

1. El Pescadito

Curadores

Miércoles a Sábados

de 13 a 18hs.

02/02/19 al

23/02/19

Patricio Lanusse

1. El Pescadito

Miércoles a Sábados

de 13 a 18hs.

La imagen sin tradición es puro ruido. La imagen que se sostiene sólo en la tradición es un afiche en una sala de espera. Una noche le pregunté a Fernanda Laguna por qué tajeaba lienzos y me contó sobre unas chicas en el penal de Ezeiza que se tajeaban el cuerpo para sentir el presente dentro de un lugar donde todo es tiempo. O como un gesto automático para abrir aquello que está confinado y ya no respira.

La historia de un tajo que se hace hoy sobre la tela, es necesariamente distinta a la historia que otro tajo abrirá mañana ¿Eso hace que hablar de Fernanda y Fontana se sienta menos idiota y obvio? Hoy nos aburre pensar que Greco meaba a la pintura moderna para desacralizarla; que transformaba al pincel en una pija-trincheta para pasar a la acción. Nos interesa más sentir cómo esa pintura se transformaba en un cuerpo señalado por un dedo erótico: un dito que expulsa su lluvia dorada sobre un vivo. El jean agujereado con manchas blancas de Valentina Liernur no es la camisa rota y embastada que Greco decidió exponer en Las monjas. Tal vez sea ese jean roto y nevado de los noventa que usábamos en el precioso momento que cogimos por primera vez mientas aparecía el nuevo espacialismo de la red.

Alberto Greco fue un brujo como Xul Solar. El brujo tanguero y embadurnado de brea que charlaba de igual a igual con el brujo diáfano y universal. Para pensar a la historia del arte argentino es necesario embarrase en la historia de la pintura argentina ¿El tajo de Fontana es el brazo mutilado de Cándido López? ¿Pettoruti es Pueyrredón? Un segundo antes de volverse extranjero Fontana deviene matrero, tajea a Pettoruti que se disimula en Maldonado. Se la tiene jurada por buen alumno. Mientras relata la contienda, Bony nos alerta que el tajo de Fontana solo se entiende en ese viaje constante entre Buenos Aires y Rosario. El tajo es el horizonte pampeano. La tela es el cuero. La trincheta, el facón ¿La trincheta de Fontana sobre Pettoruti es el esmalte de Pombo sobre Kuitca? La contienda pictórica puede ser también un baile que lxs contiene a todxs. Hacer pintura puede ser recrear ese baile que los abrace a todxs, que los tajee y les haga el amor a todxs.

La tela de la pintura, sea de quien fuese, suele terminar como una cortina cara para generar la sombra en la que se refugian los ricos. ¿Una pintura media-sombra es una pintura de clase media? ¿Una pintura contemporánea para la clase media del conurbano es un cuadro? Pensar que la pintura contemporánea podría ser un cuadro y ese cuadro encontrarse en un living cotidiano del conurbano no es una ingenuidad, es una construcción pictórica. Una práctica dentro de un contexto se construye en la combinación de dos ficciones: la de la obra de arte y la de la figura de artista. El niño que expone pinturas tristes en Nueva York o el niño que pega ojitos en muñecos para venderlos en el tren. Que una forma específica de encarnar el ser

artista sea una ficción, no quiere decir que sea inauténtica. Las ficciones que se construyen alrededor de uno mismo no aniquilan la sensibilidad real que uno comunica a través de la obra, sino que la potencian.

Para dialogar con la historia del arte argentino no pareciera ser una condición ineludible atravesar la experiencia de la pintura. Pero si el tipo de obra pide en algún momento ser una exposición de pintura; ser un buen pintor podría ser abrazar a todxs en esa fiesta para potenciar y liberar la propia sensibilidad. Ser un antropófago que deglute todo aquello que lo nutre para regurgitar algo fresco y no hediondo. Lograr que la historia del arte sea como ese viento que arrastra de atrás y que la pintura realizada sea como una vela de barco que empuja hacia el nuevo destino.

Javier Villa Febrero 2019

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